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miércoles, 21 de septiembre de 2016

El Pirata de la Espesura

      Desde siempre he sentido especial predilección por el azor (Accipiter gentilis), una de las rapaces más fascinantes que tenemos, y aunque no me sobra ninguna de las sesenta y cinco especies -entre diurnas y nocturnas- que cazan en Europa, el “pirata de la espesura”, como lo bautizó Félix Rodriguez de la Fuente, ocupa un lugar especial en mi corazón plumífero.
     Llama la atención la increíble agilidad con que se mueve por el bosque poblado de obstáculos que es su medio habitual. Muchos de mis alumnos han visto un video de la BBC donde, de forma muy gráfica, se evidencia esta sorprendente destreza.

 

jueves, 8 de septiembre de 2016

¡Uf, qué calor!

Este verano al que estamos a punto de dar el finiquito, va camino de registrar temperaturas record, igual que pasó en 2014 y 2015. De hecho, los seis primeros meses de 2016 hemos alcanzado ya las temperaturas más altas en décadas.
    Lo he leído en un par de artículos de El País Digital sobre el calentamiento global. El primero, de abril de 2015, lo firma Javier Sampedro. El segundo, escrito por Amanda Mars, es de este pasado mes de Agosto. Ambos se basan en sendos informes de dos organismos norteamericanos, el National Snow and Ice Data Center (NSIDC) y la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), respectivamente.
    Entre los dos, y sin haberse puesto de acuerdo, cuentan la historia que ya os estaréis imaginando.
    Resulta que lo del calentamiento global es bastante más serio de lo que parecemos estar dispuestos a aceptar, que la subida desbocada de las temperaturas y el consiguiente aumento del deshielo que se produce todos los años en primavera y verano, son ya una verdad incómoda -en frase de Al Gore- científicamente probada.
    La protección que proporcionaba el Ártico, permanentemente helado, se está derrumbando sin remedio. La enorme extensión del hielo y las nieves perpetuas controlaba las temperaturas, al rebotar, como en un espejo, la mayor parte de la radiación solar.
    Igualmente, toda la materia orgánica -animal y vegetal- congelada desde hacia millones de años en los suelos permanentemente helados de las regiones árticas, está empezando a quedar expuesta a la acción de las bacterias, que la descompondrán, permitiendo que cantidades ingentes de CO2 vayan a incrementar el efecto invernadero, contribuyendo a una subida aún mayor de las temperaturas, en un circulo vicioso de consecuencias nefastas.
    Vamos, que a este ritmo poco falta para que el casquete polar pase a ser un recuerdo del pasado y el océano ártico, aparte de convertirse en la nueva zona de paso para todo el tráfico marítimo entre América, Asia y Europa, sea pasto de la  ambición desmedida de los países que lo circundan, y de aquellos otros que, aun no siendo vecinos, sean lo bastante osados como para disputar a los residentes la pesca, el petróleo y todo lo que hasta ahora el hielo protegía.