Páginas vistas en total

jueves, 8 de septiembre de 2016

¡Uf, qué calor!

Este verano al que estamos a punto de dar el finiquito, va camino de registrar temperaturas record, igual que pasó en 2014 y 2015. De hecho, los seis primeros meses de 2016 hemos alcanzado ya las temperaturas más altas en décadas.
    Lo he leído en un par de artículos de El País Digital sobre el calentamiento global. El primero, de abril de 2015, lo firma Javier Sampedro. El segundo, escrito por Amanda Mars, es de este pasado mes de Agosto. Ambos se basan en sendos informes de dos organismos norteamericanos, el National Snow and Ice Data Center (NSIDC) y la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), respectivamente.
    Entre los dos, y sin haberse puesto de acuerdo, cuentan la historia que ya os estaréis imaginando.
    Resulta que lo del calentamiento global es bastante más serio de lo que parecemos estar dispuestos a aceptar, que la subida desbocada de las temperaturas y el consiguiente aumento del deshielo que se produce todos los años en primavera y verano, son ya una verdad incómoda -en frase de Al Gore- científicamente probada.
    La protección que proporcionaba el Ártico, permanentemente helado, se está derrumbando sin remedio. La enorme extensión del hielo y las nieves perpetuas controlaba las temperaturas, al rebotar, como en un espejo, la mayor parte de la radiación solar.
    Igualmente, toda la materia orgánica -animal y vegetal- congelada desde hacia millones de años en los suelos permanentemente helados de las regiones árticas, está empezando a quedar expuesta a la acción de las bacterias, que la descompondrán, permitiendo que cantidades ingentes de CO2 vayan a incrementar el efecto invernadero, contribuyendo a una subida aún mayor de las temperaturas, en un circulo vicioso de consecuencias nefastas.
    Vamos, que a este ritmo poco falta para que el casquete polar pase a ser un recuerdo del pasado y el océano ártico, aparte de convertirse en la nueva zona de paso para todo el tráfico marítimo entre América, Asia y Europa, sea pasto de la  ambición desmedida de los países que lo circundan, y de aquellos otros que, aun no siendo vecinos, sean lo bastante osados como para disputar a los residentes la pesca, el petróleo y todo lo que hasta ahora el hielo protegía.

    Es famosa la foto de ese pobre oso polar que se desespera aferrado al poco hielo que le va quedando.
Este extraordinario animal se ha convertido por desgracia en el triste símbolo del cambio climático. Sin el hielo en el que evolucionó parece irrevocablemente condenado a la extinción. Se nos encoge el corazón de pensar en ello… pero ¿qué podemos hacer nosotros? ¿Cuál debería ser nuestra reacción ante el inminente desastre?
    Es fácil pensar que no mucho, me temo. Además, seamos honestos, ni el ártico ni el oso polar nos importan gran cosa, a lo mejor. Ayudados por la considerable distancia que nos separa de ellos es probable que no tardemos más que unos segundos en olvidarlos.
    Es ahí donde acecha el peligro mayor. Pendientes de nuestros propios problemas caemos en la trampa de pensar que nosotros no podemos hacer nada, para concluir que de eso deben encargarse los políticos, que sí tienen la posibilidad de hacer algo. Y además, esa es su obligación.
    Y aunque no nos falte razón, estaremos sin más escurriendo el bulto. Porque lo cierto es que podemos hacer mucho más con algo tan simple como el ejercicio responsable y consecuente del voto. Podemos exigir a nuestros representantes que nos representen mejor, que nos engañen menos, que nos tengan más respeto.
    Si actuáramos así, estaríamos dando un gran paso adelante. Pero aún podemos hacer más. Debemos contribuir a cambiar las cosas también de forma individual, más personal y activa, menos anónima de lo que lo es el voto.
    En concreto, podemos empezar a cuidar más de nuestro planeta, de esta casa común a la que cuando nos ponemos cursis llamamos madre naturaleza. Siendo todos los que somos podemos sin duda cambiar de manera importante tantas cosas que perjudican al medio ambiente. Gran parte de nuestras rutinas diarias, por ejemplo, usando menos agua, consumiendo menos energía, generando menos residuos, especialmente los plásticos, que como todos sabemos se han convertido ya en un problema de primerísima magnitud.
    Yo por mi parte he asumido la responsabilidad de iniciar este blog, con el objetivo claro de ayudar a concienciar, a todos, a mi mismo el primero, de la importancia de conservar la riqueza tan enorme de la que somos titulares y que tan inconsciente como injustamente estamos dilapidando. De la necesidad de conocer este patrimonio natural que, siendo de todos, no es de nadie en exclusiva. Porque si no sabemos lo que tenemos, no lo amaremos, y nadie protege lo que no ama.
    Es un objetivo de gran importancia. Conviene decirlo, para que no se nos olvide, pero tampoco se debe perder la calma. Yo pretendo ir avanzando poco a poco, sin precipitación, para no atragantarme. Y para que me dé tiempo, para que os dé tiempo a todos los que tengáis la paciencia de leerme -espero que seáis muchos- de digerir y madurar los temas que tengo intención de tratar.
    Estoy ilusionado ante el objetivo que me he marcado, y nervioso y con miedo de no estar a la altura, para que negarlo. Pero estoy haciendo algo que siempre quise hacer, y eso me hace sentir contento.
____________________________________________________________________________________

 La imagen del oso polar (Ursus maritimus), es propiedad de Carla Lombardo Ehrlich

7 comentarios:

  1. Una entrada necesaria y una verdad incómoda. Parece ser que oficialmente hemos llevado al planeta a una edad geológica nueva, el antropoceno, y la gente sigue sin enterarse o querer enterarse.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Efectivamente, por eso es tan importante seguir insistiendo.

      Eliminar
  2. Think globally, act locally, no nos queda otra. Un abrazo, Oscar.

    ResponderEliminar
  3. Gracias Jaime. Efectivamente, debe ser nuestra prioridad; hay multitud de ejemplos de este deterioro. En un sitio tan cercano cómo los Alpes, van señalando la altura de los glaciares y da pavor observar las bajadas anuales, muchos no durarán ni una generación.
    Ánimo Jaime, te seguimos "siguiendo".
    Un abrazo desde Madrid . Marcos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Marcos. Si que es verdad que información como la del retroceso implacable de los glaciares puede tener un efecto desilusionante sobre los que lo vean.
      Aun así, siempre es mejor saber, estar informado, para poder decidir con mas libertad.
      Un abrazo

      Eliminar
  4. Un gran problema que a mí particularmente me causa desesperación. Desde el aula intento concienciar, pero no veo que sea algo que la sociedad tome realmente como un problema. Creo que en el fondo el ser humano es demasiado egoísta como para estar dispuesto a sacrificar las actividades que le gustan y que producen más CO2. Cierto es que además en España quienes tienen la autoridad tampoco ayudan, porque la problemática ambiental no es considerada una cuestión de estado, como se debería. Supongo que ya habrás leído la propuesta de creación de una nueva etapa geológica, el Antropoceno. Triste...

    ResponderEliminar
  5. Un gran problema que a mí particularmente me causa desesperación. Desde el aula intento concienciar, pero no veo que sea algo que la sociedad tome realmente como un problema. Creo que en el fondo el ser humano es demasiado egoísta como para estar dispuesto a sacrificar las actividades que le gustan y que producen más CO2. Cierto es que además en España quienes tienen la autoridad tampoco ayudan, porque la problemática ambiental no es considerada una cuestión de estado, como se debería. Supongo que ya habrás leído la propuesta de creación de una nueva etapa geológica, el Antropoceno. Triste...

    ResponderEliminar